Las tendencias mandan en moda y decoración. En ambos sectores, se está viviendo una vuelta a lo vintage que se combina con estéticas más modernas. En el caso del interiorismo, hay una apuesta por materiales tradicionales que respetan el medio ambiente y mejoran la calidad de vida. Esta tendencia por lo eco también ha llegado a los pavimentos y cada vez son más quienes se decantan por vestirlos de un material renovable y reciclable como es la madera. Pero esta preferencia va mucho más allá de una moda ya que tiene múltiples beneficios para la salud.

La madera es un material aislante que actúa como aislador térmico y protege al hogar de las temperaturas exteriores, ya sean altas o bajas. Esta capacidad de aislamiento térmico contribuye a la eficiencia energética puesto que ayuda a ahorrar en calefacción en invierno y aire acondicionado en verano. Además, es un buen aislante acústico ya que absorbe las ondas del sonido. Esto favorece la acústica interior del hogar e insonoriza la vivienda frente al ruido del exterior.

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Por otro lado, la madera es muy porosa por lo que regulariza la humedad en el interior del inmueble, elimina los gases nocivos y purifica el ambiente. Los suelos de madera no acumulan ácaros de polvo ni ningún elemento potencialmente alergénico. Esto hace que sean perfectos para personas con alergias, problemas respiratorios o enfermedades que empeoran con la humedad como el reuma.

Los pavimentos de madera invitan a andar descalzo. Quitarse los zapatos al llegar a casa es un gran placer pero hacerlo sobre un suelo de madera también es sano ya que elimina la electricidad estática y aporta beneficios para la circulación y la postura corporal. Además, la madera es un perfecto amortiguador de impacto por lo que reduce los riesgos de lesiones de ligamentos o rodilla, de ahí que se use en las escuelas de yoga, gimnasios, canchas de baloncestos o guarderías. La práctica de estar descalzos en casa, cada vez más extendida entre los jóvenes, también evita la contaminación de la vivienda ya que dejamos fuera las bacterias y suciedad que traen nuestros zapatos del exterior.

Principalmente la madera tiene tres propiedades que la distinguen del resto de materiales: su capacidad de aislamiento, su calidez y su resistencia al paso del tiempo. Se trata de un material noble y duradero. Está demostrado que estos pavimentos pueden llegar a durar siglos con el diseño y el mantenimiento adecuados. Dependiendo de su grosor, un suelo de madera admitirá más o menos restauraciones, un procedimiento engorroso (necesario cada 10 ó 15 años) pero que dejará el suelo como nuevo si se daña con el uso y el tiempo.

Por último pero no menos importante, su belleza. Aunque hoy en día hay muchos pavimentos sintéticos de imitación madera que están muy logrados y tienen resultados que hasta pueden hacer dudar a un profesional, su acabado y dibujo siempre será homogéneo frente a las distintas tonalidades e irregularidad de los nudos y vetas que tiene la madera natural. Un pavimento de madera natural siempre aportará matices que nunca conseguirá ninguna imitación. Además, su estimulación visual genera sensación de relajación y evita el estrés.

Independientemente de las tendencias, los suelos de madera se adaptan perfectamente a aquellas zonas de clima templado (inviernos cálidos y veranos frescos).

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